En un lugar del Quijote

ESCENICASDomingo Marzo 1
En un lugar del Quijote_LeCool Valencia


¿Dónde?
Teatro Talia
Calle Caballeros 31, 46001 Valencia
Ver Mapa
Cuándo

Hasta el 8 de Marzo

Cuánto

Desde 13,50 euros



Por Santi


¿Dónde?
Teatro Talia
Calle Caballeros 31, 46001 Valencia
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¿Cuándo?

Hasta el 8 de Marzo

How Much?

Desde 13,50 euros

Estrenaron en Madrid hace más de un año, y desde entonces sólo han recibido halagos. El jueves pasado Ron Lalá representó en Valencia su última obra En un lugar del Quijote y Le Cool Valencia no faltó al estreno.

Don Quijote de la Mancha es la obra magna de la literatura española. Todo el mundo tiene una imagen personal del Quijote, aunque cada uno a su manera. Por eso explica Yayo Cáceres, el director, que esta es una versión libre, porque sería imposible cumplir las expectativas de cada espectador. Así, quien haya leído la novela, visto alguna película u obra de teatro, reído con la serie animada o estudiado el texto en clase de literatura, es capaz de entender el mundo de Cervantes e involucrarse en la función, en la que además los actores solicitan la participación del público, y hasta llegan a confundir a una espectadora con Dulcinea del Toboso.
La escenografía (Curt Allen) envuelve rápidamente al público con un desorden de libros repartidos por el suelo y un fondo de papeles manuscritos, como sillares de mampostería que flotan y se difuminan sobre una cortina de humo. Con la puesta en escena, la iluminación (Miguel A. Camacho), el vestuario (Tatiana de Sarabia) y la música en directo, ese caos va cobrando orden mientras los personajes se multiplican y ocupan todos los recovecos del teatro: el centro del escenario, donde se desarrolla la acción, el escritorio de Cervantes a un lado, con su luz cálida de velas, el emplazamiento de los músicos en el otro, al fondo el molino, y también la corbata, el pasillo de platea, las salidas de emergencia…

Así como los efectos sonoros, realizados por los propios actores en escena (como guiño a las antiguas representaciones y a las lecturas que de la obra se hacía en las plazas para los que no sabían leer), la música, coordinada por Miguel Magdalena (también el Barbero, Vizcaíno, el Cabrero…) se interpreta en directo y permite bien acompañar la acción, bien dar la pausa entre una escena y otra, bien expresar el paso del tiempo. En cuanto aparecen Quijote y Sancho por el pasillo central, cabalgando sobre sus rocines, transporta al espectador a la Mancha y capta definitivamente su atención.

Este Quijote de mirada alucinada (Íñigo Echevarría) y Sancho el llano (Daniel Rovalher) se expresan con palabras viejas, algunas olvidadas. La elección del lenguaje, a cargo Álvaro Tato (también el Cura, Cide Hamete, el Pastor…) es acertadísima. Tal y como ocurre en la obra de Cervantes, sirve para reír (se emplean palabras cultas para describir asuntos absolutamente vulgares) y para sentir. Muchas suenan un poco raras, pero todas se entienden. El número de la bacía de barbero (que Quijote confunde con su yelmo), como nota al margen de la propia función, es grandioso.

Miguel de Cervantes (Juan Cañas) también encuentra un hueco dentro de la escena como personaje. Yayo Cáceres entremezcla dos obras en una, dos tiempos que se alejan o se juntan a su voluntad, ofreciendo una visión que Cervantes pudo tener de sus propios personajes, así como algunas pinceladas de su vida (muy teatral y dramática). Por igual, los personajes de su novela (Quijote y Sancho) también interactúan con Don Miguel, y consiguen que esta versión trascienda la simple lectura del texto original, contextualizándola en el momento creativo del autor, y completando la idea de la obra cervantina.
Parece la fusión en un sólo texto de la novela original y de esas notas a pie de página que en algunas ediciones del Quijote ocupan casi la misma extensión que la obra. Todo en uno y concentrado en 90 minutos. No hace falta más, ni las 20 horas que apunta la compañía en el último momento sobre escena, porque cada espectador sale del teatro con su idea del Quijote reavivada, y bastante contento por el buen rato que ha pasado.

A pesar de llevar un año girando, los actores se mostraron entusiasmados con la ovación del público, como si fuera la primera vez, y es que cada función es distinta y, en esta disciplina, el actor aspira a la perfección en cada número. Os puedo asegurar que si todavía no la han alcanzado (todos, los 5) están acariciándola con la yema de los dedos. La música, la ambientación, el ritmo frenético y el derroche de energía, junto a momentos divertidísimos, hacen de esta obra un plan muy recomendable antes de la locura de las Fallas. Me quedo con la imagen del escudero del Caballero del Bosque, Tomé Celial, vecino de Sancho Panza, representando, a través de un marco redondo, el retrato de la amada de su señor.

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