Del 31 de mayo al 6 de junio

No dejo de pensar en esa serie de nuestra adolescencia en la que todos los personajes entraban libremente en la casa, cogían algún refresco de la nevera y se tumbaban tranquilamente en el sofá. La sospecha de que todos los amigos de Friends tenían su propia llave se confirmaba en el último episodio de la última temporada, cuando todos se despedían en el apartamento vacío entre abrazos y lágrimas.

Tampoco me quito de la cabeza la novela de Marie Cardinal en la que una mujer y sus tres hijos convivían diariamente con quienquiera que entrara por la puerta de su piso. La clé sur la porte, que tuvo cierta repercusión a principios de los 70, narraba este experimento comunitario, favoreciendo el crecimiento individual y la fraternidad contra antiguos valores del pasado. El mundo cerrado y estricto de antaño contra el mundo abierto y libre de hoy.

La bienal de arte del barrio de Ruzafa, que abre las puertas de los talleres artísticos al visitante, es también un experimento de este tipo. Participar en esta nueva edición de Russafart es una de las mejores formas que conozco de aproximarse a la creación artística, sacarla de las sombras, quitarle el misterio y explicarla con naturalidad. Es la mejor forma de animar a quien tenga inquietudes y decida arriesgarse, y de convencer a quien piense que lo que ve en las galerías no tiene valor.

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