El universo de Paula Bonet

¿Quién no se ha sentido alguna vez reconocido en los retratos y las palabras de Paula Bonet? Esta artista valenciana recrea rostros de trazos sutiles, sugerentes, suaves y delicados; pero detrás de esta dulce primera impresión, se esconde muchísima fuerza y apasionantes y desgarradoras historias. Historias cotidianas, pero que no dejan de ser fascinantes. Historias que inconscientemente hacemos nuestras. Historias que nos sobrecogen. Ese es precisamente su don. Cuando te has enfrentado a una de sus obras, ya has caído dentro de su universo para siempre.

Paula Bonet nos despierta curiosidad a partes iguales como persona y como artista. A lo largo de estos años de duro trabajo, su mundo interior nos ha emocionado a todos a través de sus ilustraciones; y estamos completamente seguros de que seguirá haciéndolo. En Le Cool Valencia hemos querido adentrarnos en la profundidad, la magia y la inmensidad, de esos enormes ojos.

Te licenciaste en Bellas Artes en la UPV y hasta hace apenas cuatro o cinco años te dedicabas exclusivamente a la pintura al óleo y grabado (calcográfico, xilográfico, litográfico) ¿cómo fue esta evolución hacia la ilustración?
Fue una evolución marcada por una situación personal y también por el azar. Empecé a dibujar de modo paralelo a mi proyecto pictórico y aquellos dibujos que pertenecían a un ámbito privado empezaron a adquirir protagonismo. Nunca imaginé que acabarían imponiéndose a mis pinturas de la forma en que lo hicieron.

Has dicho en muchas ocasiones que te gusta retratar rostros, porque los rostros cuentan mil historias. ¿Es la mirada lo más difícil de plasmar para un artista?
Cada rostro distinto supone un reto distinto. Captar la complejidad de una mirada puede ser complicado, pero no siempre es lo más difícil, depende del referente.

En tu libro “Qué hacer cuando en la pantalla aparece THE END”, además de retratos, aparecen paisajes muy evocadores y característicos de Islandia. ¿Cómo te marcó este viaje a nivel personal y profesional? ¿Hay un antes y un después de Paula Bonet a raíz de esta experiencia?

Creo que sí. El viaje a Islandia fue una especie de revelación. El contacto directo con esa naturaleza tan salvaje me afectó de un modo agresivo. También lo hizo mucho comparar –es inevitable- cómo los islandeses se relacionan con su tierra y cómo lo hacemos nosotros.

Llevas dos años inmersa en tu último trabajo “813″, que se ha publicado recientemente, sobre el director francés François Truffaut, que siempre has comentado es uno de tus referentes. Si es cierto aquello que decía Truffaut de “uno hace las películas que lo atormentan”, ¿Se podría decir en tu caso que haces los dibujos que te atormentan?
Quizás sí, pero modificando y ampliando el significado del término. Creo que sería más bien: “que lo inquietan, preocupan, atormentan”.

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A parte del dibujo y el cine, también has demostrado tener una sensibilidad especial hacia la música. ¿Qué sueles escuchar cuándo dibujas?
Últimamente escucho en bucle a Bill Fay.

El barrio de Ruzafa, uno de los que más proyección tienen a nivel cultural en Valencia, tiene mucha huella de Paula Bonet. Podemos encontrar tus ilustraciones en lugares como, las paredes de la Sala Russafa, la tienda Gnomo o el restaurante Amadeus. ¿Tienes buenos recuerdos de la época en la que viviste aquí?

Algunos de los mejores recuerdos están situados en Ruzafa, estuve allí desde los 23 hasta los 30 años, así que viví muchas de las experiencias más importantes, fue una etapa vital, una etapa intensa y de experimentación. Algunos de mis mejores amigos siguen viviendo allí, cosa que evita que rompa mi vínculo con el barrio.

Ahora que hablamos de Valencia, es inevitable que te pregunte por la locura colectiva que se desató respecto al cartel que diseñaste para el Festival de Mediometrajes “La Cabina”. Como bien sabrás, la gente lo arrancaba de las paredes. ¿Qué te parece?

Aquel hecho fue algo que no llevé demasiado bien. Creo que se exageró y se sacó de contexto.

Hay gente que tiene la idea (casi siempre errónea), de que el artista es una persona de vida “bohemia”, una especie de genio que trabaja sólo cuando le viene la inspiración, cuando en realidad es un proceso creativo que también requiere de gran autodisciplina, constancia y trabajo duro; y no sólo vivir de una fama que puede ser temporal. ¿Que le dirías a todos aquellos que piensan que Paula Bonet “está de moda”?
Hace algún tiempo esa era la realidad con la que realizaba mis proyectos artísticos. Desde que me dedico a dibujar de manera profesional las cosas han cambiado bastante: ahora es muy importante tener un horario y mucha autodisciplina. Creo que nunca había trabajado durante tantas horas como he trabajado a lo largo de los dos últimos años. “Estar o no estar de moda” no es algo que uno decide que suceda. Sucede o no sucede. Y si sucede tienes que vivir con ello. “Estar de moda” no es algo que yo haya buscado, estoy segura de que pasará pronto, así que ahora mismo sólo puedo seguir trabajando del modo más honesto posible y saber que quizás el desenlace está a la vuelta de la esquina.

Para terminar, cuéntanos un sueño que quieras alcanzar como artista. ¿Dónde te gustaría verte de aquí a diez años? 
Me cuesta mucho hacer proyecciones. Prefiero vivir el presente, lo que sucede ahora mismo, y volcar en ello toda mi energía. Si se me obliga a proyectar, lo único que deseo es poder seguir trabajando en aquello que me permite trabajar desde el estómago.
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FOTO DE PORTADA BY NOEMI ELÍAS.

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