Excentricidades de verano

Todos los años pasa lo mismo (como no podía ser de otra manera). Cuando queremos darnos cuenta nuestro bañador está descolorido por el cloro, tenemos las puntas del pelo abiertas gracias a la sal y el sol y lo que es peor, el verano se acaba, lo que hace que todo lo anterior nos importe claramente una mierda. ¿Cómo ha podido pasar otra vez? Si ayer estábamos exponiendo nuestra piel poco hecha a los rayos del sol por primera vez en meses…

Todos los veranos tienen en común lo rápido que pasan, pero cada uno nos sorprende con sus propias excentricidades. Eso sí, una de las modas que ha permanecido en el tiempo, para nuestra desgracia quizá, ha sido sin lugar a dudas la de los selfies. Cuando ya pensábamos que la creatividad en torno a esta institución no daba más de sí, va una compañía de fotografía aérea de Nueva York e inventa el shoe selfie.

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FlyNYON, que es la susodicha, ha sacado una oferta que permite a sus clientes sobrevolar la ciudad en un helicóptero sin puertas, sacándose fotos de sus pies sobrevolando el Empire State Building, Central Park o el puente de Brooklyn, por poner algunos ejemplos populares. Así que ya sabes: la foto de tus pies en la toalla de playa que tanto triunfó el año pasado (aunque en el fondo nadie entiende porqué) ya es mainstream y toca subirse a las alturas para estar a la última. Luego no digas que no te hemos avisado.

Por el momento esta parece una moda muy del otro lado del océano, y menos mal, porque si los shoe selfies se hubieran puesto de moda este verano en territorio patrio hubiéramos salido con los pies quemados y/o empapados, según el momento. Porque este ha sido el verano del tiempo loco. De las olas de calor interminables con vientos saharianos y 50 grados a la sombra hemos pasado a las lluvias torrenciales y el chubasquero sin previo aviso. O más que sin previo aviso, cada vez que tocaba festival. El Arenal Sound, el Aquasella…Este año han salido más groupies remojados por metro cuadrado que sombrillas en agosto en Benidorm.

Shoe selfies aparte, la época estival ha traído novedades tecnológicas sabrosonas. Una de las más sonadas es que desde hace unas semanas Whatsapp ha dejado de mostrar los mensajes en la pantalla de inicio para poner un discreto “mensaje de Fulanito” en su lugar. Una delicia para los celosos de su intimidad y una buena estrategia de marketing de Whatsapp… ¿lo habrán hecho porque saben que en verano golfeamos un poco más?

Y por otro lado está la gente que está deseando que acabe el verano. A su vez, estos se dividen en dos subespecies: los que simplemente aman los jerséis y la fresca y los que –atención- afirman que el verano es como una segunda navidad. Puede parecer muy loco así de primeras, pero pensarlo bien… la playa es como la Disneyland de los adultos (“todos van y yo no”), engordamos, nos toca juntarnos en familia, hay una cuesta de septiembre bastante parecida a la cuesta de enero y es cierto que todos los buenos propósitos que nos hacemos al empezar la temporada, ya sea el nuevo curso o el nuevo año, se quedan precisamente ahí. Atascados en la cuestas. No saben embragar los pobres.

El parecido navidad-verano es inquietante (como diría Iker Jiménez), pero los románticos siempre diremos aquello de quién me ha robado el mes de agosto en un burdo intento de emular al gran Sabina. Y entonces se nos caerá el moreno y pasaremos a contar los días para que vuelva el calor. Y eso que aún no hemos acabado de sudar.

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Rica propuesta energética llena de color y diversión