Fantasías y fantasmas de Fátima Menchén

Fátima Menchén es una polifacética y joven artista sevillana, que después de recorrerse la península de punta a punta desarrollando sus amplias y diversas facetas artísticas, ha regresado a casa para centrarse en lo que mejor sabe hacer: ilustrar. Su obra, que puede contener desde figuras picassianas hasta asomos de pintura japonesa, es una puerta de entrada a un universo surrealista en el que eso sí, siempre suelen primar los personajes semi-humanos. Marca de la casa. Sello original de Fátima que nunca ha perdido a lo largo de estos años. Te invitamos a que bucees en este personal imaginario que habita en la cabeza de esta insólita y extraordinaria ilustradora.

¿Quién es Fátima Menchén?
Esencialmente, un oso de peluche encenciendo un mechero. Académicamente, Licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla y postgraduada en Ilustración Creativa por la UAB. He experimentado con la animación 2d, el grabado, la escultura en bronce, técnicas del tattoo, incluso una época hice pintura en seda y abanicos.

¿Ilustrar o tatuar?
Principalmente soy ilustradora, sin serlo no podría ser tatuadora. Se pueden hacer grabados con tinta en la piel de la gente con una imagen cualquiera que se te antoje de Google, pero eso no es tatuar amiga. Para mi el dibujo es la esencia de todo, la base de la pirámide, cuando lo integras eres capaz de jugar a lo que quieras.

Nacida en Madrid, andaluza de corazón y barcelonesa de acogida. ¿De qué manera crees que ha influido en tu obra vivir estas ciudades? ¿Cómo ha evolucionado tu estilo desde que comenzaste en la ilustración?
Para ir por orden. Madrid poquito ha influido en mi arte, al menos de manera consciente. Aunque seguramente, aquellas sensaciones infantiles de pasear cogida de la mano de mi abuelo por la Calle Montera de los 90 tienen que estar presentes sí o sí. En Sevilla me educaron a latigazos limpios para traspasar desde el plano real al papel, las formas, las líneas, las luces, los colores del cuerpo humano, de los animales y de los objetos. Y cuando las heridas más sangraban, afloraban las réplicas más extrañas: piel verde, pesados levitantes, escenas eróticas… tengo mucho que agradecer a la facultad. En Barcelona ese sentimiento de hacer lo que me de la gana se asentó y estuve un poco más cerca de la escena artística contemporánea. Me doy cuenta que desde Sevilla a Barcelona y ahora que estoy de vuelta en casa, la paleta de color se ha ido reduciendo a lo esencial, al matiz. La línea cada vez es más fina, pero contundente.

¿Qué tienen en común Dalí, Frida Kahlo, Egon Schiele, el anime de los Estudios Ghibli y la estampa japonesa para que sean tus referentes a seguir?
El mundo de los sueños, la línea de dibujo que delimita las zonas de color, lo orgánico que convive con lo geométrico, la energía de lo que es venerable.

En tu obra encontramos continuamente la dualidad hombre-animal. ¿Por qué esta fascinación?
Encuentro la perfección inmaculada y sagrada en los animales, los minerales y las plantas. Por otro lado los cuerpos humanos (siempre anónimos) encarnan los deseos y los secretos… a veces bien intencionados, otras veces no tanto. Aun asi no me parece necesario que el arte muestre conceptos desagradables (para eso pongo el telediario). Hablemos de creatividad, de lo intangible, de lo divertido de la ambigüedad. De que si un brazo suelto vuela en el aire cerca de una rodilla, no tiene porqué ser negativo ni resultado de una acción maligna anterior. A lo mejor es que los brazos de esa diosa son tan livianos y libres que pueden flotar en el aire como una nube, en un halo positivo. Y aquí paro porque se me va.

Para terminar cuéntanos un sueño y una pesadilla…
Ahora lo que me gustaría sería seguir trabajando en la ilustración y no parar éste buen ritmo que he cogido de publicaciones que me ayudan a darme a conocer. Ojalá que el corto de animación que acabo de entregar sea el primero de muchos más encargos, pero sobre todo mi sueño es que un buen día por la mañana en el patio de mi piso hayan llovido billetes de quinientos, cogerlos al mogollón e irme derechita a montar mi propio estudio de tattoo y de ahi no moverme hasta que la máquina eche humo.
Una pesadilla que tuve hace poco fue que me teñia el pelo con henna y al terminar me daba cuenta de que había manchado varios metros de pared con salpicaduras, las intentaba limpiar y no lo conseguía, agobiazo grande, jeje.

PIC BY FELIPE GARCÍA LEIVA

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