Flauta, flamenco y compás en el Botánico

El pasado sábado 8 de abril fue una de esas noches que se diseñan desde el cosmos para el deleite. El escenario no podía ser mejor: el umbracle del jardín botánico. ¿Que por qué tardamos tanto en contarlo? Pues porque las cosas grandes, cuando pasan, necesitan un tiempo de digestión.

Aquel sábado de abril tenía la excusa perfecta: dos horas de flamenco de la mano de La Meligrana y Son de Charlys.

Dentro del ciclo de conciertos del festival Distrito 008 y con la colaboración especial en ambos casos de Oscar de Manuel (a la flauta travesera, ahí es ná).

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Las dos horas fueron casi tres.

La media tarde se hizo noche cerrada.

Lo que eran sillas ordenadas, acabaron por ser un improvisado tablao al que todos los presentes acabamos por subirnos.

La fusión de La Meligrana nos llevó de la mano por géneros del pop. Muchas versiones nos pusieron a cantar desde el principio con ‘Hijo de la luna’ de Mecano o ‘Pájaros de barro’ de Manolo García.

Después, ya anocheciendo, el cante con ‘la garganta con arena’ de Kike de Son de Charlys nos cambió de tercio. Un cantaor y guitarrista, dos en uno, acompañado por un bajo y un cajón anunciaba que los ‘Charlys’ no venían a contarnos lo de siempre, y así fue.

El público cada vez más cerca de ellos, acabó subido en los bancos, en las sillas, acercándose mucho cuando la caja levantó las manos y se arrancó por bulerías. La apoteosis con ‘Entre dos aguas’ una interpretación magistral.

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Mención especial a Oscar de Manuel:

La flauta y el flamenco. El flamenco y la flauta. Ahí está Oscar de Manuel. El flamenco sinfónico, la sensibilidad que te saca una sonrisa. De Manuel lleva desde el año 2000 dedicándose al mundo del flamenco, incorporando un instrumento poco reconocido en los tablaos, haciéndolo casi tan suyo como si esto hubiera sido de toda la vida. Se siente la vibración que De Manuel siente por el flamenco hasta las melodías, los compases y los soniquetes. Cuando algo apasiona tanto a alguien, te llega hasta la sangre y así es cuando se sube al escenario, todo se transforma y el flamenco te transporta y te da ese pellizquito en las tripas que tanto gusta y que alegra el corazón.

De Manuel es sencillamente emocionante. Y la noche que nos hicieron pasar fue inolvidable.

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