Heteroflexibilidad

Pensaba que ciertas cosas se iban normalizando o al menos cotidianizando, pero este mundo de etiquetas cambiantes en que vivimos, de tags de redes sociales, me hace ver que nada cambia y que, como siempre, si lo hace es para que todo siga igual, y que las dichosas etiquetas que sirven para unirnos en Internet nos separan en la realidad cada día mas.

Hace poco (perdonad el retraso), descubrí que el mundo heterosexual, aquel que bautizó como metrosexuales a esos hombres que usaban cremas como los homosexuales, pero que no lo eran, bautizaba ahora a una nueva tribu antítesis absoluta de los anteriores, la de los lumbersexuales: hombres que ni usan cremas, ni quieren hacerlo, desaliñados como un Adán, de barba salvaje y cabellera indomable inspirados no se si en la figura de un leñador o en la del hombre de Neandertal.

En mi infinita ignorancia pensé en voz alta que a fin de cuentas el lumbersexual era el oso de toda la vida de la comunidad homosexual y que era una tontería usar una nueva etiqueta para denominar un mismo estilo, entonces alguien trató de corregirme haciéndome ver que los lumbersexuales pretenden con su look ensalzar su masculinidad, como los “osos” insistí yo, hasta que finalmente me dijeron: ya, pero los lumber NO son maricones.

Ahora me encuentro con una nueva etiqueta, una nueva moda pasajera, una nueva tendencia a la que subirse o no, una nueva forma de alejar lo homosexual de lo heterosexual, no vaya a ser… Les llaman los heteroflexibles o heterocuriosos, como prefieran. Son heterosexuales, ya no preferentes, sino 100%, que de vez en cuando sienten deseos de un escarceo homosexual, como si un vegano ortodoxo de vez en cuando se come un buen trozo de carne (nunca mejor dicho) pero luego vuelve impertérrito a su vida saludable de lechuga y apio.

Heteroflexibilidad.lecoolvalencia

De nuevo en voz alta me pregunto si un heteroflexible no es a fin de cuentas un bisexual, y me corrigen otra vez, y me dicen que no, que un heteroflexible no es un bisexual fifty/fifty al que lo mismo le da la carne que el pescado, o como le diría Craso a Antonino: ostras que caracoles; sino que es un heterosexual con amplitud de miras, que no le tiene miedo al placer venga de donde venga, y que aun no sintiéndose homosexual y sin querer ser clasificado como tal no le importa montárselo con alguien de su mismo sexo si el resultado final es un orgasmo pleno y placentero.

Un bisexual insisto yo, y otra vez me hacen callar, y me dicen que no, que en el siglo XXI la libertad y el libertinaje van de la mano sin necesidad de ser catalogados. Y replico, y digo que si no hay necesidad de ser clasificado para qué inventar un nuevo nombre que únicamente sirve para marcar distancias con una homosexualidad que de ese modo da la sensación de que, pese a todo, para algunos (ojalá no para muchos) sigue siendo un estigma y un núcleo de apestados. Y me replican a su vez, y me dicen que no, que yo malinterpreto, que todos tienen amigos gays, y que son muy simpáticos, y que visten muy bien, y que todos los aceptan, aunque no entienden el por qué de un día del orgullo gay si no lo hay del orgullo hetero, y se preguntan si es necesario que salgan desnudos en una carroza…. zzzzz…

Y dejé de insistir y ya en silencio pensé que esos desahogos ocasionales son más viejos que el mundo, que ciertas áreas de descanso de ciertas autopistas y el resto de lugares en los que se practica el cruising han estado plagados desde hace mucho, demasiado, de heterosexuales convencidos a la caza del homosexual que les diera placer sin compromiso, y que en la comunidad gay siempre ha existido esa fantasía con ese camionero, ese albañil, ese mecánico manchado de grasa casado y con hijos que de vez en cuando busca un chico con el que pasar un rato, y en esa fantasía el heterosexual se termina enamorando del homosexual y viven su particular Brokeback Mountain. Y quizá la heteroflexibilidad colme los deseos de unos y las fantasías de los otros, y al final todos contentos en mitad de tanta estupidez.

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Rica propuesta energética llena de color y diversión