La mujer leopardo de Spirou

Más de veinte años hacía que no llegaba a mis manos una nueva aventura de Spirou, un personaje que me acompañó durante toda la infancia y hasta bien entrados los dieciocho, momento en que nuestros caminos se separaron. No dejó de gustarme, solo dejé de comprarlo para seguir otras historias que me llamaban más la atención. Pretendo aclarar con todo esto que pertenezco a esa generación que se crió con el Spirou de Franquin y, más tarde, con el de Tome & Janry. Tanto uno como los otros me hacían disfrutar como un enano, me transportaban a aventuras fantásticas y hacían que releyese esos álbumes hasta la saciedad.

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Cuento todo esto porque, una vez me dispuse a retomar a Spirou con “La mujer leopardo”, dentro de la colección Una aventura de Spirou editada por Dibbuks, me encontraba bastante perdido: no conocía el trabajo de Yann Le Pennetier y Olivier Schwartz. Pero gracias a un par de amigos, me puse sobre la pista y, antes de empezar con esta obra, leí su álbum anterior, “El botones de verde caqui” (2009), que actúa como prólogo al que nos atañe. También leí el mítico Spirou de Yves Chaland y Yann, “Corazones de acero”, germen en cierta forma de “La mujer leopardo” y que se publicó en 1982, quedando inconclusa por avatares del destino, una obra de culto para todo seguidor de Spirou pues rompía con los canones impuestos por la editorial en aquella época y fusionaba el trazo realista de sus maestros Jijé y Franquin con la línea clara de Hergé.

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Ya con los deberes hechos, me dispuse a disfrutar de la experiencia de revisitar el pasado de nuestro botones favorito en una aventura que tiene de todo: robots, nazis, brujería africana y ese toque colonialista que nos recuerda tanto a “Tintín en el Congo”. Y, sobre todo, guiños, muchos guiños y homenajes escondidos en las viñetas, tanto a los anteriores autores del personaje (Jijé, Franquin, Chaland, Bravo y Tom & Janry) como a otros personajes históricos de la cultura, como el mismo Hergé y Sartre, entre otros.

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Con todo ello vemos no solo un homenaje de Schwartz a la obra de Chaland o un simple intento de continuación a “Corazones de acero”: vemos claramente una intención de seguir un legado, revitalizando una estética que nos transporta a nuestra más tierna infancia y a un futuro prometedor para Spirou. Es de agradecer el trabajo que están haciendo desde Dibbuks, no solo continuando la publicación de las nuevas aventuras de Spirou (y sus inseparables Fantasio y Spip), sino también por las recopilaciones en ediciones integrales del trabajo clásico de Franquin, para celebrar el 80 aniversario de este icono del cómic franco-belga.

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