Lorna Arroyo y Miguel Márquez, fotoperiodismo humanizado

Lorna Arroyo y Miguel Márquez, son dos fotógrafos de Valencia, que a parte de ser excelentes artistas y profesionales, son de ese tipo de personas de las que debería abundar más en este mundo. Su trabajo despertó todo nuestro respeto y admiración desde el principio y quisimos conocerles en persona.

A lo largo de unos diez meses en diversas etapas, recorrieron Malí, India, Tailandia y Haití, reflejando a través del objetivo de su cámara, las situaciones tan críticas que están viviendo allí sus ciudadanos. Temas como la pobreza, la prostitución infantil, el papel de la mujer, etc. El resultado es un cuidado libro de 300 páginas: Missions and World Civilizations, editado en colaboración con Unesco y prologado por Javier Marzal y Hugo Doménech.

Pero ellos le dan totalmente la vuelta al papel de víctima de sus retratados, para convertirles a través de sus imágenes en auténticos héroes. Nos muestran otra realidad a la que estamos acostumbrados a ver en fotoperiodismo, descubriéndonos personas que se superan día a día y que se aferran a la vida y salen adelante. En un mundo inmunizado contra el dolor y acostumbrado al sufrimiento ajeno, ellos nos descubren el verdadero significado de la humanidad.

¿Cómo surgió la idea de este proyecto?
Lorna: todo surgió a partir de un encargo que nos hicieron para una exposición de fotografías de la India. Fuimos a Varanasi, la ciudad santa. Una ciudad con una imagen muy exótica, pero cuando profundizas en ella, te das cuenta de que en realidad no tiene nada que ver con como creemos que funcionan las cosas allí. Al volver presentamos nuestra exposición, cumplimos con nuestro trabajo, pero nos trajimos más imágenes de esa otra realidad.

En vuestra labor fotográfica en estos cuatro lugares, estuvisteis trabajando mano a mano con los Misioneros. Hay personas que pueden preguntarse si el libro tiene alguna pretensión religiosa.
Miguel: cuando te enfrentas a un trabajo así tienes dos opciones: contactar con las ONGs (las Organizaciones Civiles) o con las Organizaciones Religiosas. Las ONGs no quisieron que trabajáramos con ellos, suponemos que porque nos hubieran querido pautar más nuestro trabajo, hubieran estado más encima de nosotros y nosotros somos fotoreporteros que mostramos las cosas tal cual.
LornaMissions and World Civilizations, trata simplemente de personas que ayudan a personas. Los Misioneros nos abrieron las puertas y convivíamos en total libertad con ellos y podíamos hacer y deshacer lo que quisiéramos. El estereotipo que tenemos de las monjas en nuestro país, por ejemplo, no tiene para nada que ver con las monjas que conocimos. En Tailandia eran mujeres en vaqueros, conduciendo un Patrol y escuchando rock and roll. Mujeres con una fortaleza impresionante que están reescribiendo la historia de las generaciones. No adoctrinan, solo ayudan. Es gente que está realmente al pie del cañón, verdaderas heroínas. Nos cambiaron la mentalidad totalmente.

¿Por qué todo el libro es en blanco y negro?
Lorna: pues un poco por efectos técnicos y prácticos. Siempre viajamos con cámaras digitales y analógicas, pero somos fotógrafos de la antigua escuela. Nos gustan los formatos de las cámaras Rolley, Leica, Hasselblad… también llevamos Nikon en digital, pero nos gusta disparar en carrete y los carretes siempre tiramos en blanco y negro.
Miguel: también es por una cuestión un poco de moral. Hay imágenes demasiada sangrientas y es más amable al ojo humano y hiere menos en blanco y negro. No nos interesa la carnicería.

¿Creéis que hay una deshumanización ante este tipo de imágenes?
Lorna: si, totalmente, por eso decidimos enfocar nuestro trabajo de otra manera, porque muchas veces pensamos desde Occidente que no hay remedio, que no podemos hacer nada contra la tragedia en este tipo de lugares; así digamos que nos vamos resignando y acostumbrando. Una fotografía siempre quiere mostrar lo que el ojo humano no ve: una guerra, un atentado, un terremoto, etc. A lo mejor a primera vista nuestras fotos pueden parecer a cierto público, menos impactantes, pero no nos interesa recrearnos en el morbo, sino transmitir el fondo de la cuestión y es esa bandera del cambio, de que hay esperanza para esas personas. Pretendemos contar la historia de la gente. A mi hay una cita que me gusta mucho de una periodista estadounidense que se llama Amy Goodman y es que: el deber del informador es ir donde está el silencio, lo demás es propaganda.

 ¿Cómo pasas de ver a una persona de las que habláis, de víctima a héroe?
Lorna: siempre tenemos referentes de víctimas, pero nosotros invertimos el papel a través de nuestro objetivo. Un niño que en siete segundos en los terremotos de Haití, por ejemplo, perdió a su madre, su padre, sus hermanos, su casa, su pierna… y que luego vuelva a jugar a fútbol y sonría. Eso sí que es un verdadero héroe. Fotograficámente quizás es menos impactante, pero hay que detenerse en que hay detrás de esa imagen, en la historia de esa persona, por eso nuestro libro incluye bastante texto también, porque merece la pena leer lo que detrás de esas vidas. Vivimos en una sociedad de consumo muy rápido, pero hay que frenarse un poco y ver que está sucediendo.
Miguel: tratamos de dar una visión esperanzadora. Ponemos cara y nombres a estas historias de superación. Donde hay tragedia y desolación es muy sencillo plantar la cámara y registrar una imagen impactante. Lo difícil es entrar en sus vidas de verdad y sacarles una foto positiva. La noticia se centra en ese tipo de cosas trágicas, pero queríamos mostrar lo que se estaba haciendo por salvar a esta gente, testimoniar el trabajo que hacen los que quieren defender los derechos humanos de los demás.

¿Merece la pena el sacrificio para un fotoperiodista de tener que pasar por todas estas penurias, e incluso arriesgar su vida por un trabajo así?
Miguel: si, siempre, sin duda. Y no sólo se trata de la realización que puedas tener tu como persona, que desde luego es una experiencia que te cambia, sino que cuando ves que con tu libro (porque en él incluimos una serie de contactos directos con los misioneros y las organizaciones de allí al final del libro) la gente ha reaccionado, ha donado dinero, o han ido allí a posta a colaborar con ellos, es algo muy bonito. Por ejemplo, a raíz de una presentación que hicimos en Madrid, una persona anónima donó 10.000 dólares para la rehabilitaron una escuela. Con que le cambiemos la vida a una sola persona, ya habrá merecido la pena.
Lorna: nosotros no somos intermediarios para nada, esto algo totalmente desinteresado. Simplemente damos más facilidad para que contactes con la gente que lleva a cabo esta labor. Si te ha conmovido alguna de las historias tu mismo puedes contactar con ellos y siempre te contestan muy agradecidos.

¿Qué lugar de los cuatro fue el que más os impactó?
Lorna: India y Haití son las más crueles. Tienen prácticas ancestrales muy extremas, muy duras. Las mujeres muchas veces no tienen derecho a nada, son vendidas como si fueran mercancía. Antes, incluso a las viudas las quemaban vivas al lado de sus difuntos maridos. La mujer no tiene ningún valor. Y siempre te encuentras con el problema de las castas, una lacra social enorme. Y en Haití pudimos ver lo mejor y lo peor del ser humano, es un sitio muy extremo. Supervivencia pura y dura.

¿Os quedasteis con una sensación de que hay esperanza? ¿Creéis que hay luz al final del túnel para estas personas?
Miguel: si se hace una buena gestión de las ayudas seguro que sí. Estamos convencidos que así si podrán ir a mejor.
Lorna: de hecho, esto está ya en pleno cambio. Y la generosidad del ser humano es infinita. Nos llegan noticias a menudo desde estos sitios de que unos se mueren y otros salen adelante, que en definitiva es lo que es la vida.

PHOTO BY LORNA ARROYO Y MIGUEL MÁRQUEZ

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