Navegabundo

Se embarcó para un trabajo muy bien pagado en el Pacífico. Iban a ser solo seis meses. Después, volvería para hacer lo que ahora no podía, casarse. Con lo que no había contado era con las estrellas reflejadas en el agua en las noches calmas. Con la aparición del ojo de la ballena, que lo miraría directamente a las entrañas. Con que las tormentas podrían parecerse a una certeza, a la seguridad. Con que a su regreso ella se hubiese sentido tan abandonada como para abandonarlo a él. Con que ya no tendría hogar. Con que podría convertirse en navegabundo.

ILUSTRACIÓN PORTADA DE YVAPURÜ SAMANIEGO

Comments

Más interesante

contenido

Entrevistas

Vamos almacenando imágenes en el subconsciente que con el tiempo afloran en nuevos puntos de vista

Por Irene Hego en Entrevistas