Una gran lección de humanidad

Que James Rhodes se ha convertido en un fenómeno mediático y editorial es algo innegable. Los 75.000 libros que una pequeña editorial independiente como Blackie Books ha conseguido vender en un país en el que uno de cada tres españoles declara no leer nunca, es desde luego un éxito mayúsculo. Que las entradas de sus conciertos en España -y allá donde va- se agoten en una época en la que la música clásica no llega a la sociedad, también. ¿De dónde nace la fascinación hacia este concertista de piano londinense con aires de rock-star?

En mi caso, confieso que tiendo a fascinarme con facilidad ante aquellas personas que parecen tener algo diferente que contar. Me atraen la unicidad y la originalidad en medio de la mediocridad reinante. Además, es innegable el tremendo poder que una buena campaña de marketing y publicidad pueden llegar a tener hoy en día. Y no nos engañemos, James Rhodes se ha convertido en un producto perfecto.

Instrumental, memorias de música, medicina y locura es un libro escrito de la única forma que una historia así puede ser contada: al todo o nada, desde las tripas, con rabia y mucho amor. Si esperas una lectura cómoda/placentera, este no es tu libro. Esto es el relato de las vivencias de un adulto marcado para siempre por las violaciones sufridas en su infancia y sus terribles secuelas. El valiente enfrentamiento de Rhodes a unos fantasmas inimaginables para la mayoría de los mortales, ejercido desde la sinceridad más absoluta, en una especie de pacto no firmado entre autor y lector.

Instrumental, memorias de música, medicina y locura

Resulta muy difícil superar el rechazo, la perplejidad y la repugnancia que provocan aquellas personas que, siendo totalmente conscientes de sus actos, encuentran excitante abusar de niños indefensos, robándoles su vida y pervirtiendo la pureza e inocencia de una etapa esencial en la formación de todo ser humano como la infancia.

Sin embargo, una vez que conseguimos superar parcialmente la incomprensión, nos encontramos con el relato de una persona que contrariamente a lo que pueda parecer por sus tendencias auto-destructivas, ama la vida de una forma absoluta. Asistimos al desgarrador y conmovedor grito de agradecimiento por la enésima oportunidad que la vida le ha brindado.

Instrumental es el penúltimo escalón en la lucha desesperada por expiar el peso de la culpa, esa carga injustamente guardada en su interior durante treinta largos años de silencio. La huida hacia delante de un hombre que busca escapar de la persona en que se ha convertido para reencontrarse con el niño vitalista que fue. La redención como última esperanza.

En mitad de esa vida tormentosa, la pureza de la música clásica emerge como la única tabla de salvación a la que aferrarse; un refugio donde escapar y encontrar, al menos temporalmente, la tan ansiada paz consigo mismo.

Hablar de agradecimiento es quedarse corto: Rhodes construye una oda a la música clásica y a los sentimientos que esta consigue despertar en él.

El autor confía ciegamente en el poder que este género musical tiene en las personas y por ello se encuentra inmerso en una cruzada personal por hacer llegar la música clásica a todos, compartiendo con todos aquellos que no estamos familiarizados con ella parte de esa envidiable pasión. Para conseguirlo, apuesta por eliminar todas las etiquetas que encorsetan a este mundo elitista y que de seguir así, terminaran por relegarla a una posición todavía más residual de la que ocupa hoy en día.

James Rhodes.2.lecoolvalencia

Para ello no duda en criticar a todos aquellos que participan en esta industria. Nadie de este establishment sale bien parado: empresarios, dueños de sellos discográficos, representantes, crítico e incluso artistas y espectadores. Todos son responsables en mayor o menor medida de la lenta pero irremediable desaparición hacia la que parece caminar la música clásica. A fuerza de repetir que solo una pequeña élite burguesa es capaz de apreciar las virtudes de esta expresión cultural, han acabado por condenar a lo que empezó siendo un género musical popular al ostracismo casi absoluto.

El texto es, por último, un toque de atención a todos los estamentos de la sociedad -desde la ciudadanía, hasta los políticos, pasando por la prensa y los especialistas en la materia- para despertar y llamar a las cosas de una vez por su nombre, dejando a un lado eufemismos que solo buscan hacernos más digerible una realidad angustiosa. Porque no nos equivoquemos, hablar de “abuso de menores”, “tocamientos deshonestos” o “agresión sexual infantil” cuando se quiere decir VIOLACIÓN, no ayuda en nada a las víctimas. Todo lo contrario, lo único que se consigue es continuar silenciando un problema que está más presente de lo que creemos, convirtiéndolo de este modo en tabú y estigmatizando más todavía a las víctimas de esta lacra.

No he opinado acerca de la calidad “literaria” de la obra, ni James Rhodes es un escritor -ni creo que pretenda serlo- ni yo soy quien para hacerlo. Tampoco lo haré acerca de sus aptitudes para la música clásica, soy un perfecto ignorante en la materia. En cambio, puedo afirmar que lo admiro profundamente por aprovechar su fama para abanderar una causa y convertirse en la voz de todas esas personas que siguen callando por culpa de una vergüenza que no merecen. Aplaudo efusivamente su valentía para revivir unas heridas que nunca podrán cerrarse del todo si con ello consigue arrojar algo de luz a personas con traumas similares. Gracias por esta gran lección de bondad y humanidad.

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